No me gustan las reglas de este juego, de esta cacería salvaje:
yo quiero atrapar a un Ciervo, un Ciervo que ya fue atrapado
y un Delfín quiere atraparme para llevarme al mar,
pero yo no sé nadar.
Y si atrapase al ciervo, no sé que haría,
yo soy un chango, jugando con alegría,
o me disfrazo de una casa vacía.
El Delfín me habla para dormir en su cama
pero su canto es chillante, y no usa almohadas
el Ciervo me mira con sus sublimes ojos
para decir todo, en su silencioso caminar erótico.
A veces me dan ganas de irme a otro zoológico
cómo el de los pájaros; donde volaba con los dedos
para luego azotarme contra las anclas de la realidad
o el zoológico de la realeza; Sheressada o la reina del desierto,
cuando yo solito me ponía en exhibición en las vitrinas,
!qué juegos aquellos!, el del invierno, el de nunca empezar ni terminar.
Pero nunca contestaban mis cartas las administradoras burocráticas
Que bonito esto, que bonito aquello, bla bla. !Patrañas!
¿quedara en algún lugar algún circo de poetas?
alguien que busque lo profundo, que inspire más que un rostro bonito
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!La Rata!, !el circo de la rata!
Las garrapatas, los pelos y la baba
en vez de apuñalar al lenguaje hablado
deberíamos gruñir, gemir y ladrar
el lenguaje sublime solo se encuentra en la escritura y en la música
un alma sublime solo la encuentro en La Rata
otra vez mi perrita, otra vez más humana
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