Anoche tuve un sueño, estábamos en una casa de la cultura situada en una ciudad parecida a Santa Rosalía, en el techo altísimo se colgaban cuadros obscuros, azulados, o seria que el techo era azul aguaverde y así los coloreaba. mi profesor, Armando Manríquez, ya difunto, nos daba una clase, teníamos que pintar un personaje desnudo, sobre un paisaje misterioso de un camino junto al mar en el que había un espejo gigante, Irán y Mario Jaime eran miembros de mi equipo y cada que me distraía le pintaban una nariz redonda o unos brazos chistosos.
No era el hecho de crear, propiamente lo más fascinante, sino la libertad de hacer penes y desnudos fornicando, de pintar con las manos, de no seguir el ejercicio, y la sonrisa, y los consejos del profe, el Salim Kindereano, la hora del tequila, acuarelas, óleos, acrílicos, papel mache, tinta china, pintura de cartel, el bajo presupuesto que nos caracterizaba a los alumnos, las becas escolares que le dio a todo el mundo, donando 15 pesos al mes por alumno que becaba, que importa el dinero, su objetivo era siempre más allá, hoy que soñé con usted profe, sé cuanto falta
No hay comentarios:
Publicar un comentario